Una generación a punto de esmorrarse. 

Lo cierto es que se está viendo venir. Cuando a una persona o a un grupo la mayoría de la gente de su alrededor la alaba de una manera desproporcionada, por el potencial que tiene y no por lo actos que haya realizado o por los objetivos que ha alcanzado, es inevitable que, antes o después, todos esos elogios vacíos se tornen en una hostia de tamaño descomunal, por no conseguir satisfacer las expectativas que en ella se han depositado.

De una forma casi enfermiza, desde hace un tiempo, cada nueva generación es agasajada por las anteriores con una plétora de elogios sobre sus excepcionales capacidades para entender el presente y dominar el futuro a su antojo. Estoy convencido de que esta ceguera de las generaciones antecesoras está motivada exclusivamente por la deslumbrante luz de la juventud anhelada. Es un intento desesperado, ridículo y yermo de recuperar la lozanía perdida con el halago vacío a su actual poseedor.

Con los denominados millennials esta estulticia ha alcanzado niveles de récord por todo el mundo. Con muy poco que te esfuerces podrás encontrar en internet cientos, cuando no miles, de artículos, libros, estudios, documentales, etc., donde se afirma que estos individuos están dotados de una especie de superpoderes, que nos obliga a los demás a adaptar nuestro mundo a sus caprichos. Se les dota de unas cualidades por las que, no ya solo el mundo, sino el universo ha de amoldarse a ellos, pues son el centro de todas las cosas. Se les ha convertido en la unidad de medida de la sociedad actual.

Personalmente he asistido a conferencias, charlas, mesas redondas y similar, en las que profesionales de recursos humanos de las más prestigiosas empresas del país –me quedo con las ganas de nombrarlas…–, de esos que tienen ya el culo pelado de tanta batalla profesional, competían vergonzosamente por declararse el más ferviente defensor, admirador y servil vasallo de esta divina generación. En esos foros he sido repudiado como si fuera el mismísimo demonio por no compartir la doctrina imperante, y simplemente defender que las relaciones humanas no han de ser una cuestión de generaciones, sino de personas.

Y, sin embargo, ahora el mundo está cogiendo impulso para arrear a los millennials un bofetón de tal magnitud que les abra los ojos a la realidad de una manera definitiva. Estoy convencido de que los antiguos grupies se tornarán en despiadados torquemadas que les despellejarán sin el más mínimo pudor.

Esta generación, que empezó a ver la luz en los años ochenta, comienza a perder el lustre de su radiante juventud, y la gran transformación del mundo que iban a realizar no termina de plasmarse. Las voces críticas empiezan a surgir como un leve susurro; y me atrevo a vaticinar, que en no mucho tiempo, se convertirán en un estruendo ensordecedor. Prueba de ello es la velocidad con la que se propaga en las redes sociales la entrevista a Simon Sinek, en la que expresa sus opiniones sobre los idolatrados millennials.

Simon califica a los millennials de caprichosos, indisciplinados, narcisistas, egoístas, desorientados, vagos, superficiales, infelices, deprimidos, sin autoestima y, lo peor de todo, de manera indirecta, les cataloga como incompetentes mentales e incapaces. Al arrebatarles la responsabilidad –en todos los sentidos– sobre su comportamiento y convertirles en víctimas inocentes de cómo los han educado, de la tecnología, de la impaciencia y de su entorno, en mi opinión, lo que hace es convertirles en una especie de débiles mentales sin la capacidad suficiente para entender el mundo real en el que viven y transformarlo. Esto no me parece justo.

De la misma manera que, en su momento, defendí que no se deben gestionar a las personas por la generación a la que pertenecen sino por su individualidad. En estos momentos, justo antes de que llegue el tsunami de tortazos que se cierne sobre los millennials, he de decir que entre ellos, al igual que en cualquier otra generación hay grandes genios y petulantes ignorantes, héroes y villanos, gente corriente e individuos con talentos únicos, etc. Como no podría ser de otra forma, es una generación formada por personas, y por ello con todos los defectos y todas las virtudes que, por suerte o por desgracia, las personas tenemos. Y punto.

Pero, no te preocupes, no nos quedaremos sin generación a la que idolatrar. La generación Z, a la que algunos llaman generación V —por lo virtual—, está apunto de llegar a la mayoría de edad. Es fácil adivinar que en breve esta generación Z será calificada como la mejor preparada de la historia, que es la elegida para cambiar el mundo, etc…

Si quieres ver el video de Simon Sinek, pincha aquí.

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¿SON LOS MILLENNIALS TAN ESTÚPIDOS COMO PARECEN?

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