De la Tríada a la Tétrada Oscura.

Hace unas pocas semanas, una antigua compañera de trabajo me llamó para que la ayudara en un conflicto que tenía con la última empresa donde había trabajado. Después de escuchar su relato y de analizar las pruebas que me facilitó, llegué a la conclusión de que tenía muchas probabilidades de que un juzgado calificara su despido como nulo de pleno derecho. Tras conversar con la empresa esta sensación se hizo aún más fuerte y mi experiencia me decía que contábamos con una posición de mucha fuerza para la negociación del asunto.

Sin embargo, recibí una llamada de mi amiga en la que me decía que no quería problemas con el que había sido su jefe, y que para ello aceptaría lo que la empresa le ofreció en un primer momento, e incluso si era necesario renunciaría a parte de la indemnización que la habían ofrecido.

Desde mi punto de vista, lo que estaba haciendo no era lógico e incluso iba en contra de sus propios intereses. No entendía a qué se debía esa reacción tan irracional. Empecé a hacerle preguntas para conocer cuál era el motivo real de este comportamiento, y tratar de conseguir que recapacitara. Después de varias evasivas, por fin, me dijo lo que realmente le sucedía: tenía miedo de que su jefe, pudiera ponerla en una “lista negra” y conseguir que nunca más volviera a trabajar, y que si emprendía cualquier negocio conseguiría hundirlo…

En sus palabras había más que miedo, sentía un pánico irracional que la dominaba, con el que la dominaban. Esta amenaza le había llegado de forma indirecta a través de ex compañeros de la empresa.

Durante unos minutos intenté convencerla de que eso que me estaba contando no tenía sentido, que esa persona no tenía esa capacidad de influencia. De ser así, esa persona estaría ubicada profesional y personalmente en otro nivel. Ella no quiso (no pudo) entrar en razón, aseguraba que él ya lo había hecho en otras ocasiones, y que ella no quería jugársela…

La empresa donde este individuo trabaja es una conocida compañía internacional, en la que, por supuesto, los comportamientos de amenazas, desprecios, vejaciones, etcétera, con los que éste se ganaba el temor de los suyos, no están (en teoría) permitidos. Sin embargo, todo su equipo los sufre y por todos es conocido.

Durante varios días no podía dejar de pensar en lo sucedido. ¿Cómo debería ser el ex jefe de mi amiga para conseguir que sintiera ese pánico tan irracional, y que la hiciera tomar decisiones en contra de sus propios intereses? Y a la vez, ¿cómo era posible que este tipo de individuos pudieran triunfar profesionalmente, y ostentar cargos de responsabilidad en una empresa tan prestigiosa como esa? 

El éxito de la maldad. 

Cualquier estudioso o práctico del liderazgo que quiera tener éxito en sus objetivos debe entender al ser humano como un ente complejo de relaciones sistémicas consigo mismo y con los demás. Por lo que, la llamada lógica formal, esa que tiene como una de sus normas la dicotomía entre verdadero o falso, es en la mayoría de las ocasiones inútil. 

Como podría decir Ortega y Gasset, el ser humano es él y su circunstancia. Y esta circunstancia está inserta en la mayoría de las ocasiones en una graduación, en la que pocas veces se enfrenta a un dilema simple de “blanco o negro”, y casi siempre ha de transitar en una escala de grises más o menos oscuros. 

Esto es lo que sucede con la maldad humana. Todos y cada uno de nosotros tenemos algo de maldad, aunque sólo sea por una cuestión de supervivencia. Sin embargo, como veremos más adelante, aquellas personas con unos indicadores más pronunciados de algunos de los rasgos que componen la maldad, no sólo tienen una mayor ambición por ocupar puestos de responsabilidad, sino que además cuentan con mejores habilidades y competencias para conseguirlo.

El doctor Delroy Paulhus, fue el creador del concepto “Tríada Oscura”. Según él, la receta de la maldad humana se elaboraba con tres ingredientes: la psicopatía, el narcisismo y el maquiavelismo. 

Se califica a las personas que tienen estos rasgos como malvados, como “humanos a los que les falta el alma”. Sin embargo, no debemos dejarnos confundir por los clichés que la literatura y el cine han ido forjando en la consciencia colectiva de este tipo de personajes, cuando nos encontramos con personas que tienen indicadores altos de estos rasgos, pero en un “nivel subclínico”, en al mayoría de las ocasiones somos incapaces de identificarlos.

El concepto “nivel subclínico” lo que quiere decir es que son personas adaptadas y funcionales, y de las que no se sospecha que tengan ese “lado oscuro”. Estos individuos están perfectamente integrados en la sociedad y cumplen como cualquier otro con sus responsabilidades familiares y laborales, a pesar de los daños que pudieran estar causando en su entorno. Nos los podemos encontrar en todos los ámbitos y niveles sociales y pasan desapercibidos, a pesar de los daños que hayan causado o puedan estar causando a algunas de las personas que se crucen en su camino.

Aunque pueda parecer extraño, su deficiencia emocional los convierte en sujetos muy eficientes e incluso especialmente funcionales dentro de nuestra sociedad. En muchas ocasiones, suelen ser personas muy brillantes, exitosas y admiradas, debido a su capacidad para acumular recursos, poder y control. Logran su éxito gracias a su pensamiento estratégico y frío, sus dotes para la manipulación, su capacidad de detectar y mimetizar emociones, su tenacidad, su constancia para conseguir lo que desean, etcétera.

Existe un inquietante estudio de la Universidad de Durham, Reino Unido,  en la que los investigadores Gregory Louis Carter, Anne C. Campbell y Steven Muncer, defienden la hipótesis de que las mujeres se sienten especialmente atraídas por hombres con los rasgos de personalidad que conforman la Tríada Oscura… Y no sólo las mujeres, pues diferentes autores defienden la idea de que hasta el 25% de los jefes cuentan con un alto índice de al menos uno de estos rasgos. 

De nuevo la empatía. 

Si buscamos un punto de conexión entre los diferentes componentes de la Tríada Oscura, rápidamente nos daremos cuenta de que todos ellos actúan como depredadores de otras personas y, cómo no, carecen de empatía.

Pero, no seamos simplones y hagamos un estudio un poco más profundo de lo que es la empatía. Comenzaremos por distinguir dos tipos de empatía completamente diferentes aunque complementarias:

La empatía cognitiva: es  la capacidad de comprender e inferir los afectos y las experiencias emocionales de los demás.“Entiendo tu situación”. Es una respuesta racional, en la que percibimos y comprendemos la emociones del otro. Es una habilidad que nos permite tomar perspectiva de lo que la otra persona está viviendo. Nos ayuda a “entender” a la otra persona. Este es el tipo de empatía que tienen las personas con alguno de los rasgos identificadores de la Tríada Oscura. Por lo que, sí son empáticos, aunque de una manera limitada, y utilizan la empatía de forma egoísta e instrumental, para conseguir sus objetivos de las personas que eligen como víctimas. Saben perfectamente qué es lo que tienen que decir a los demás y lo que éstos quieren oír, pero en absoluto lo sienten.

La empatía emocional o afectiva: es  la capacidad de sentir las emociones y los sentimientos de otras personas. Esta respuesta emocional tiene 3 componentes:

– Sentir la misma emoción que el otro.

– Angustia personal. Se refiere a los propios sentimientos al percibir la situación del otro.

– Sentir compasión por el otro.

Las personas con alguno de los rasgos de la Tríada Oscura, son incapaces de sentir este tipo de empatía. No saben lo que es la “preocupación empática”. No pueden experimentar los mismos sentimientos que su interlocutor –¿tal vez por una disfunción en el funcionamiento del área que contiene sus neuronas espejo?–.Suele decirse a este respecto que “se saben la letra, pero no la música de las emociones”. Esto facilita la cosificación de los demás, es decir, la deshumanización de las personas y el empleo de la crueldad con las mismas, como si fueran objetos.

Además de la insensibilidad emocional, otras características comunes son el egoísmo, el considerar a las personas como un medio y no como un fin, un carácter socialmente malévolo, la falsedad, la frialdad y una tendencia al auto-adulación.y sobre todo, la ausencia de psicopatología, en otras palabras, ausencia de enfermedad mental.

Los rasgos de la Tétrada Oscura.

Maquiavélicos: Si tuviéramos que definirlos en una única frase, una de las indicadas podría ser: “El fin justifica los medios”, o mejor dicho: “Mi fin justifica los medios”. Podemos reconocerlos porque son unos grandes cínicos, muy astutos y expertos en el arte de la manipulación. A pesar de ser racionales, calculadores y fríos suelen tener una gran capacidad para no mostrarlo de una forma demasiado evidente, al menos que tengas una relación constante con ellos; pues en ese caso descubrirás que, si es necesario, utilizan a los demás como un medio para conseguir aquello que se propongan sin ningún tipo de remordimiento. Todo lo que hacen tiene un fin, su propia satisfacción, por lo que, anteponen sus deseos o necesidades a los de los demás, aunque para asegurarse el control sobre los demás se esfuerzan por lograr que su compañía sea valorada.

El término maquiavélico tiene su origen en Nicolás Maquiavelo, autor de la obra “El Príncipe”, en la que expone la manera de adquirir y mantener el poder a través de la manipulación de los contextos sociales, teniendo como elemento central el propio interés.

Narcisistas subclínicos: El narcisista es un enamorado de sí mismo, con un alto grado de vanidad. Busca ser admirado continuamente y ser el centro de atención de los demás. Son egoístas y su concepción de que el mundo ha de girar a su alrededor, les hace pensar que tienen el derecho a conseguir lo que deseen de la manera que sea. Tienen una visión tan distorsionada de sí mismos, de sus capacidades, de sus competencias y de sus habilidades, que llegan a creer que su superioridad a los demás es tal que éstos han de amarlos y admirarlos. Cuando se les conoce suelen ser encantadores, lo que hace que los demás les aprecien mucho; el paso del tiempo les suele convertir en seres a los que se evita, e incluso a los que se repudia si no es posible no tener contacto con ellos. Disfrutan sintiéndose parte de los elegidos e intentan vincularse con gente importante, con fama y con poder; al mismo tiempo desprecian a los demás como seres inferiores, los consideran indignos no sólo de su compañía, sino también de lo que ellos valoran. Estos comportamientos suelen ser consecuencia de una profunda falta de autoestima, y de una inestabilidad emocional que les hace sentir siempre amenazados y desafiados por los demás.

Psicópatas subclínicos: Su maldad siempre tiene un objetivo, algo que desean conseguir, y este comportamiento es el camino más rápido o eficaz para lograr lo que desean. Sólo les importan sus propias motivaciones y deseos. Son plenamente racionales y conscientes de lo que hacen, por lo que su comportamiento es elegido; no es fruto de la pérdida de sus facultades mentales. Su conducta es el resultado de su elección en pleno uso de sus facultades, lo que les convierte en depredadores para aquellos que caigan en su punto de mira. 

Las características de la personalidad psicopática se traducen en tres tipos de problemas:

En sus relaciones con los demás: Son personas arrogantes, con un sentido desmesurado de autovalía, superficialmente encantadoras, que mienten con facilidad y manipulan a los demás.

En lo afectivo: fingen entender a los demás, sin embargo no pueden ponerse en el lugar del otro y sus afectos, es decir son insensibles e incapaces de establecer fuertes vínculos emocionales. Carecen de la capacidad para experimentar emociones y, por eso, no tienen sentimientos de culpa y son incapaces de empatizar emocionalmente.

En su comportamiento: muestran comportamientos irresponsables e impulsivos y frecuentemente ignoran o violan las normas sociales. Son irresponsables, impulsivos y mantienen relaciones parasitarias con los demás.

Alguno científicos defienden la idea de convertir esta tríada en un tétrada añadiendo un cuarto rasgo, el del sadismo.

Sádicos: Son individuos que disfrutan del placer de ser crueles. Desean hacer daño, hacer sufrir a su víctima en todas las facetas que sean posible. Encuentran excitante y placentero el acto de hacer daño a personas inocentes. Su objetivo es encontrar alguna víctima con la que satisfacer sus deseos, que ni mucho menos se limita a los sexuales. Ésta puede ser cualquiera, ya que buscan la crueldad física y/o psicológica gratuita, sin justificación, aunque requiera esfuerzo y no tenga beneficios aparentes.

Lo más terrible de todo es que este tipo de personalidades (narcisistas, maquiavélicos, psicópatas y sádicos) pueden afectar seriamente a la salud de las personas con las que se relacionan, especialmente si el malvado tiene una posición de poder jerárquico o emocional, sobre la víctima.

¿Cuál es la actitud de los departamentos de recursos humanos ante esta realidad? ¿Deberían detectar este tipo de perfiles en los procesos de selección? ¿Y qué habría que hacer una vez que están dentro de la empresa?

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MALDAD Y LIDERAZGO
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2 pensamientos en “MALDAD Y LIDERAZGO

  • 14/07/2018 a las 6:16 pm
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    Uuuffff creo que es uno de los “relatos” más negativos que he leído de El Peón Coronado
    Me ha dado una sensación de tristeza y resentimiento que no molan
    No es una crítica a lo que has escrito, sino una expresión de sensaciones ante las verdades que planteas
    Una pena que haya seres “humanos” así

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    • 15/07/2018 a las 6:17 pm
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      El ser humano es como es. Su grandeza se levanta sobre sus debilidades. Creo que debemos ser conscientes de la realidad en la que vivimos y esforzarnos por mejorarla; y la única forma de hacerlo es no negar lo evidente y no ignorar aquello que no nos guste, simplemente porque nos haga sentir incómodos.
      Muchas gracias por el comentario, y por haber leído el artículo a pesar de provocarte sensaciones no especialmente agradables. Lamentablemente, vivimos en una época donde la ignorancia es el precio que muchos gustosamente pagan a cambio de lo superfluo y de la búsqueda del hedonismo inmediato. La Cultura (con mayúsculas, la de verdad), la profundidad de pensamiento y la reflexión cada vez son menos valoradas, y el precio que pagamos por ello es el reinado de la estulticia, donde los malvados siempre juegan con ventaja.

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